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Pullaro mueve el eje de un radicalismo federal
El encuentro que encabezó en Rosario el gobernador Maximiliano Pullaro junto a sus pares Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes) e Ignacio Torres (Chubut) dejó una postal política q...
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El encuentro que encabezó en Rosario el gobernador Maximiliano Pullaro junto a sus pares Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes) e Ignacio Torres (Chubut) dejó una postal política que excede la agenda institucional vinculada al desarrollo productivo y la infraestructura. La reunión funcionó también como un gesto de reagrupamiento de un sector de gobernadores con identidad propia dentro del mapa político nacional, en momentos en que las provincias buscan recuperar capacidad de presión frente al gobierno de Javier Milei, y acaso esbozar otra polaridad en el tablero político nacional con vistas al futuro inmediato.
Aunque el comunicado oficial puso el acento en la “integración regional”, el “desarrollo económico” y la defensa de las “provincias productivas”, el trasfondo político aparece ligado a la consolidación de un eje de mandatarios dialoguistas pero con creciente voluntad de marcar límites a la centralización de recursos y decisiones de la Casa Rosada.
La elección de Rosario como escenario tampoco resultó casual. La ciudad fue sede del encuentro anual de intendentes organizado por la Red de Innovación Local, una usina de articulación de dirigentes subnacionales con fuerte impronta de gestión y modernización estatal. Allí confluyeron jefes comunales y referentes políticos de distintos signos partidarios, en un contexto donde los gobernadores buscan fortalecer volumen político propio ante el debilitamiento de las estructuras nacionales tradicionales.
El núcleo de mandatarios que se mostró junto a Pullaro comparte varias características: administraciones provinciales fiscalmente ordenadas, fuerte perfil productivo y pertenencia –total o parcial– al universo de la Unión Cívica Radical y sus aliados. Cornejo y Valdés son dos de los principales referentes radicales del país, mientras que Torres, aunque proveniente del PRO, mantiene una estrategia de construcción federal similar. Pullaro, por su parte, emerge como una figura en ascenso dentro del radicalismo, con una gestión que busca combinar ajuste fiscal, obra pública y discurso de defensa del interior.
En ese marco, la reunión puede leerse como un paso más en la construcción de una liga de gobernadores que intenta evitar dos riesgos simultáneos: quedar subordinada políticamente al oficialismo libertario hoy devaluado ante la seguidilla de escándalos de corrupción y crisis económica y, al mismo tiempo, ser arrastrada a una oposición frontal que hoy no parece ofrecer demasiado rédito electoral por el momento.
El mensaje difundido por Pullaro después del encuentro apuntó justamente en esa dirección. “Representamos el interior que empuja, que produce y que no para ni un segundo”, escribió el mandatario santafesino en redes sociales, en una frase que recupera una vieja narrativa federal vinculada al reclamo histórico de las provincias agroindustriales y exportadoras frente al centralismo porteño.
Detrás de esa construcción discursiva aparecen demandas concretas: obras viales paralizadas, infraestructura energética, rutas nacionales deterioradas, logística para exportaciones y mayor previsibilidad en el reparto de recursos. Son temas que varios gobernadores vienen planteando desde hace meses y que ganaron centralidad a partir del freno nacional a la obra pública.
Pero el encuentro también tuvo otra lectura política: mostrar coordinación entre dirigentes que comparten una relación pragmática con Milei, apoyando algunas reformas económicas del gobierno nacional pero diferenciándose en cuestiones vinculadas al federalismo fiscal y la inversión pública. Ninguno de los gobernadores presentes se ubica hoy en la oposición dura, aunque tampoco están dispuestos a resignar margen de autonomía.
En ese tablero, Pullaro parece buscar un doble objetivo. Por un lado, consolidar liderazgo regional desde Santa Fe, una provincia que recuperó centralidad política tras años marcados por la crisis de seguridad. Por otro, posicionarse dentro de un radicalismo que atraviesa tensiones internas sobre su vínculo con el gobierno libertario y sobre el futuro de la coalición opositora surgida de lo que fue Juntos por el Cambio.
La reunión de Rosario dejó así algo más que una foto institucional. Mostró a un grupo de gobernadores que intenta construir una agenda común desde el interior productivo y que empieza a perfilarse como actor clave en la negociación política de la segunda mitad del mandato de Milei.
Aunque el comunicado oficial puso el acento en la “integración regional”, el “desarrollo económico” y la defensa de las “provincias productivas”, el trasfondo político aparece ligado a la consolidación de un eje de mandatarios dialoguistas pero con creciente voluntad de marcar límites a la centralización de recursos y decisiones de la Casa Rosada.
La elección de Rosario como escenario tampoco resultó casual. La ciudad fue sede del encuentro anual de intendentes organizado por la Red de Innovación Local, una usina de articulación de dirigentes subnacionales con fuerte impronta de gestión y modernización estatal. Allí confluyeron jefes comunales y referentes políticos de distintos signos partidarios, en un contexto donde los gobernadores buscan fortalecer volumen político propio ante el debilitamiento de las estructuras nacionales tradicionales.
El núcleo de mandatarios que se mostró junto a Pullaro comparte varias características: administraciones provinciales fiscalmente ordenadas, fuerte perfil productivo y pertenencia –total o parcial– al universo de la Unión Cívica Radical y sus aliados. Cornejo y Valdés son dos de los principales referentes radicales del país, mientras que Torres, aunque proveniente del PRO, mantiene una estrategia de construcción federal similar. Pullaro, por su parte, emerge como una figura en ascenso dentro del radicalismo, con una gestión que busca combinar ajuste fiscal, obra pública y discurso de defensa del interior.
En ese marco, la reunión puede leerse como un paso más en la construcción de una liga de gobernadores que intenta evitar dos riesgos simultáneos: quedar subordinada políticamente al oficialismo libertario hoy devaluado ante la seguidilla de escándalos de corrupción y crisis económica y, al mismo tiempo, ser arrastrada a una oposición frontal que hoy no parece ofrecer demasiado rédito electoral por el momento.
El mensaje difundido por Pullaro después del encuentro apuntó justamente en esa dirección. “Representamos el interior que empuja, que produce y que no para ni un segundo”, escribió el mandatario santafesino en redes sociales, en una frase que recupera una vieja narrativa federal vinculada al reclamo histórico de las provincias agroindustriales y exportadoras frente al centralismo porteño.
Detrás de esa construcción discursiva aparecen demandas concretas: obras viales paralizadas, infraestructura energética, rutas nacionales deterioradas, logística para exportaciones y mayor previsibilidad en el reparto de recursos. Son temas que varios gobernadores vienen planteando desde hace meses y que ganaron centralidad a partir del freno nacional a la obra pública.
Pero el encuentro también tuvo otra lectura política: mostrar coordinación entre dirigentes que comparten una relación pragmática con Milei, apoyando algunas reformas económicas del gobierno nacional pero diferenciándose en cuestiones vinculadas al federalismo fiscal y la inversión pública. Ninguno de los gobernadores presentes se ubica hoy en la oposición dura, aunque tampoco están dispuestos a resignar margen de autonomía.
En ese tablero, Pullaro parece buscar un doble objetivo. Por un lado, consolidar liderazgo regional desde Santa Fe, una provincia que recuperó centralidad política tras años marcados por la crisis de seguridad. Por otro, posicionarse dentro de un radicalismo que atraviesa tensiones internas sobre su vínculo con el gobierno libertario y sobre el futuro de la coalición opositora surgida de lo que fue Juntos por el Cambio.
La reunión de Rosario dejó así algo más que una foto institucional. Mostró a un grupo de gobernadores que intenta construir una agenda común desde el interior productivo y que empieza a perfilarse como actor clave en la negociación política de la segunda mitad del mandato de Milei.
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