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No son “últimos deseos”, son “deseos posibles”: la ambulancia amarilla que nació en Rosario
Ver el mar una vez más. Asistir a una reunión familiar. Dar un paseo por el barrio después de años sin salir de casa. O, como pidió un niño rosarino internado, conocer el museo donde se exhibe l...
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Ver el mar una vez más. Asistir a una reunión familiar. Dar un paseo por el barrio después de años sin salir de casa. O, como pidió un niño rosarino internado, conocer el museo donde se exhibe la réplica de la Copa del Mundo que levantó Lionel Messi en 2022. Son deseos que, para un paciente en la etapa final de una enfermedad, parecen imposibles de cumplir. Hasta que aparece una ambulancia amarilla.
Así funciona la Ambulancia del Deseo, una fundación de origen neerlandés que desde 2007 recibe, gestiona y concreta traslados de pacientes terminales que necesitan asistencia sanitaria para realizar un último deseo. Lo que en Países Bajos empezó como una idea sencilla hoy tiene sedes en 22 países y, desde fines de mayo de este año, cuenta con una filial en la provincia de Santa Fe impulsada por un grupo de trabajadores de la salud de Rosario.
"Nosotros no le llamamos últimos deseos, sino deseos posibles", plantea Juan Manuel Gálvez, enfermero y uno de los referentes de la iniciativa en la ciudad. La aclaración no es menor: la fundación prefiere correrse de la palabra "terminal" y hablar de deseos posibles en una etapa difícil de la vida. Pero la realidad, reconoce, es que atiende a personas que atraviesan la última fase de su patología y que necesitan una ambulancia y personal de salud para concretar aquello que anhelan.
El funcionamiento es simple: la familia o el propio paciente realizan un pedido, el equipo analiza la situación clínica y evalúa si el deseo puede cumplirse según las condiciones de salud y la logística que implique el traslado. Una vez aprobado el caso con los requerimientos médicos, técnicos y los permisos necesarios, la premisa es que no pasen más de 72 horas hasta que el deseo se haga realidad.
Durante el trayecto, un equipo sanitario acompaña al paciente con oxígeno, medicación para el dolor o una camilla si hiciera falta. Por eso la ambulancia no funciona como un servicio de emergencias tradicional, sino como el medio que permite trasladar a la persona hasta el lugar que desea visitar de manera segura. "Hay deseos muy sencillos, actividades cotidianas a las que no les damos importancia hasta que no podemos hacerlas", explican desde la organización.
El servicio no tiene ningún costo para las familias: la atención y los traslados están a cargo de personal voluntario y la organización se sostiene mediante acciones solidarias y colaboraciones. Desde su lanzamiento en Argentina, la fundación recibió al menos un centenar de pedidos, de los cuales una veintena eran realizables. Hasta principios de agosto ya había concretado una decena de deseos y otra decena estaba en proceso.
Gálvez cuenta las complicaciones posibles: la situación del paciente puede empeorar en pocas horas, el clima puede no acompañar una actividad al aire libre, o el paciente puede morir antes de la salida prevista. Aun así, el objetivo es que, cuando el deseo se concreta, "ese día el dolor desaparece". Actualmente la fundación trabaja principalmente en Rosario y el área metropolitana, aunque ya comenzó a recibir pedidos y consultas desde distintos puntos del país.
Para acceder al servicio, los interesados pueden contactarse a través de las redes sociales de la fundación y completar un formulario con los datos del paciente, la dirección donde hay que retirarlo y el destino al que sueña llegar. "A veces se trata de pequeñas cosas importantes para las personas que no son posibles de realizar porque se encuentran inmovilizadas o su estado no permite trasladarse de una manera ordinaria", resumen. La ambulancia amarilla ya está rodando por Rosario: a bordo, lo imposible se hace posible.
Así funciona la Ambulancia del Deseo, una fundación de origen neerlandés que desde 2007 recibe, gestiona y concreta traslados de pacientes terminales que necesitan asistencia sanitaria para realizar un último deseo. Lo que en Países Bajos empezó como una idea sencilla hoy tiene sedes en 22 países y, desde fines de mayo de este año, cuenta con una filial en la provincia de Santa Fe impulsada por un grupo de trabajadores de la salud de Rosario.
"Nosotros no le llamamos últimos deseos, sino deseos posibles", plantea Juan Manuel Gálvez, enfermero y uno de los referentes de la iniciativa en la ciudad. La aclaración no es menor: la fundación prefiere correrse de la palabra "terminal" y hablar de deseos posibles en una etapa difícil de la vida. Pero la realidad, reconoce, es que atiende a personas que atraviesan la última fase de su patología y que necesitan una ambulancia y personal de salud para concretar aquello que anhelan.
El funcionamiento es simple: la familia o el propio paciente realizan un pedido, el equipo analiza la situación clínica y evalúa si el deseo puede cumplirse según las condiciones de salud y la logística que implique el traslado. Una vez aprobado el caso con los requerimientos médicos, técnicos y los permisos necesarios, la premisa es que no pasen más de 72 horas hasta que el deseo se haga realidad.
Durante el trayecto, un equipo sanitario acompaña al paciente con oxígeno, medicación para el dolor o una camilla si hiciera falta. Por eso la ambulancia no funciona como un servicio de emergencias tradicional, sino como el medio que permite trasladar a la persona hasta el lugar que desea visitar de manera segura. "Hay deseos muy sencillos, actividades cotidianas a las que no les damos importancia hasta que no podemos hacerlas", explican desde la organización.
El servicio no tiene ningún costo para las familias: la atención y los traslados están a cargo de personal voluntario y la organización se sostiene mediante acciones solidarias y colaboraciones. Desde su lanzamiento en Argentina, la fundación recibió al menos un centenar de pedidos, de los cuales una veintena eran realizables. Hasta principios de agosto ya había concretado una decena de deseos y otra decena estaba en proceso.
Gálvez cuenta las complicaciones posibles: la situación del paciente puede empeorar en pocas horas, el clima puede no acompañar una actividad al aire libre, o el paciente puede morir antes de la salida prevista. Aun así, el objetivo es que, cuando el deseo se concreta, "ese día el dolor desaparece". Actualmente la fundación trabaja principalmente en Rosario y el área metropolitana, aunque ya comenzó a recibir pedidos y consultas desde distintos puntos del país.
Para acceder al servicio, los interesados pueden contactarse a través de las redes sociales de la fundación y completar un formulario con los datos del paciente, la dirección donde hay que retirarlo y el destino al que sueña llegar. "A veces se trata de pequeñas cosas importantes para las personas que no son posibles de realizar porque se encuentran inmovilizadas o su estado no permite trasladarse de una manera ordinaria", resumen. La ambulancia amarilla ya está rodando por Rosario: a bordo, lo imposible se hace posible.
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