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Hay algo que las aplicaciones de citas todavía no pudieron reemplazar: sentarse frente a alguien, mirarlo a los ojos y descubrir, en pocos minutos, si hay química. Sin deslizar hacia la izquierda o la derecha, sin fotos cuidadosamente elegidas ni conversaciones que pueden durar semanas sin llegar nunca a un encuentro. En Rosario, una propuesta busca recuperar justamente eso: el cara a cara.

Este viernes, a las 21.30, se realizará una nueva edición de Cruces Rosario, una experiencia de citas rápidas que tendrá lugar en el bar 595, en Cochabamba y Juan Manuel de Rosas. La propuesta está destinada en esta oportunidad a personas mayores de 40 años, aunque no existe un límite máximo de edad.

La mecánica es sencilla y tiene algo de juego de salón. Las mujeres llegan unos 15 minutos antes y cada una ocupa una mesa numerada. Los hombres esperan hasta que estén todos los participantes y reciben un número identificatorio. Después comienza la ronda: siete minutos de conversación con una persona y, cuando suena la campana, cambio de mesa.

“En siete minutos tenés como el tráiler de la persona”, define Daiana Aguirre, la organizadora de Cruces Rosario. El concepto resume bastante bien el espíritu del encuentro: no se trata de decidir en siete minutos si alguien será el amor de la vida, sino de tener una primera impresión de cómo habla, qué cuenta, cómo escucha y, claro, si existe alguna atracción.



Los celulares quedan afuera de la escena. La idea es que durante las citas no haya pantallas ni distracciones y que el encuentro sea exclusivamente entre las personas sentadas frente a frente.

La organización busca mantener un equilibrio entre hombres y mujeres. Aunque originalmente Aguirre pensó en diez participantes de cada sexo, la convocatoria fue creciendo y este viernes serán 14 hombres y 14 mujeres. “Se me ha ido de las manos a veces”, cuenta entre risas, por lo que decidió establecer un cupo para poder sostener la dinámica.


DE LOS GRUPOS DE AMISTAD A LAS CITAS

Aguirre tiene 30 años y comenzó hace dos a administrar comunidades de WhatsApp vinculadas con grupos de amistad y salidas. Los encuentros, organizados sin fines de lucro, reunían a personas para compartir distintos planes.

Fueron los propios integrantes de esas comunidades quienes empezaron a preguntarle por qué no organizaba algo específicamente pensado para conocer a alguien. La idea de las citas rápidas tampoco era completamente ajena para ella: recuerda haber visto una película en la que los hombres iban rotando de mesa mientras tenían encuentros breves con distintas mujeres.

Así nació el proyecto, que comenzó en octubre del año pasado y este viernes tendrá su edición número 14. Al principio se llamó “Dai-citas” y tenía incluso un logo con una suerte de Cupido femenino. Después de perder sus redes sociales, Aguirre decidió cambiarle el nombre y así nació Cruces Rosario.

La convocatoria habitual apunta a mayores de 45 años, aunque en esta oportunidad bajó la edad mínima a 40. La experiencia, explica, suele reunir personas de hasta 65 años, aunque pueden participar también quienes sean mayores.




EL “MATCH” NO SE ANUNCIA EN PÚBLICO

Una vez terminada la ronda de citas, todos se reúnen para compartir una cena. El valor de la participación es de 45.000 pesos e incluye las citas, una consumición –con o sin alcohol– y una cena grupal. Pero la parte más esperada tiene un pequeño suspenso. Nadie anuncia en voz alta quién eligió a quién.

Cada participante completa un formulario indicando con quién le gustaría continuar el contacto. Al día siguiente, Aguirre revisa las respuestas. Si dos personas se eligieron mutuamente, les comunica el “match” y les proporciona sus respectivos contactos. A partir de ahí, la historia queda en manos de ellos.

La estrategia también evita una situación incómoda para quien no haya sido elegido o para quien prefiera que el vínculo termine simplemente en esa primera charla. Aunque, en ocasiones, los formularios directamente quedan de lado.

En el último encuentro ocurrió una escena que Aguirre todavía recuerda. Mientras cenaban, les recordó a todos que debían completar el formulario para saber si había coincidencias. Entonces uno de los hombres se levantó y anunció que no necesitaba hacerlo porque ya había conocido a la mujer con la que quería irse. La mujer, sentada a su lado, asintió con una sonrisa y respondió que ella tampoco necesitaba completar el formulario porque ya habían hecho “match”. Terminaron sacándose fotos juntos esa misma noche.




UN PEQUEÑO REGRESO AL MUNDO ANALÓGICO

Aguirre asegura que ya vio varios resultados de los encuentros anteriores. Incluso encontró participantes que actualmente tienen como foto de perfil una imagen junto a la persona que conocieron en Cruces Rosario.

Uno de los hombres que logró formar pareja llegó a bautizarla, en tono de broma, como la “Roberto Galán de Rosario”, en referencia al histórico conductor televisivo de programas de encuentros y parejas. Aguirre se ríe y acepta el apodo, aunque prefiere otro: “Celestina”.

La comparación, sin embargo, sirve para explicar qué busca recuperar este experimento de citas rápidas: la posibilidad de conocer a alguien sin que una pantalla funcione como intermediaria.

En tiempos de algoritmos que seleccionan posibles parejas según gustos, fotos y perfiles, Cruces Rosario propone algo bastante más antiguo y bastante más imprevisible: 14 mesas, 14 encuentros de siete minutos, una campana y la posibilidad de que, entre charla y charla, aparezca una historia que valga la pena continuar.

Y, si no aparece, al menos queda una cena compartida y la certeza de haber conocido personas nuevas.

En Instagram: @cruces_rosario